Sarkozy inicia su «reinado»
europeo en plena crisis institucional de la UE
Podrán criticarle sus excesos, afearle su populismo,
denostar su afán de protagonismo y hasta negarle la categoría
de estadista de talla. Pero nadie puede decir que Nicolas Sarkozy no tiene
carisma. A partir del martes, el mandatario francés asumirá
la Presidencia de la Unión Europea, inmersa desde hace un par de
semanas en una seria crisis institucional por el no irlandés al
Tratado de Lisboa.

Desnortada por la falta de
un liderazgo político claro, la UE se encomienda durante los próximos
seis meses a quien más ansía convertirse en el faro que
ilumine la Europa del futuro.
De momento, la UE ha aceptado dar a los irlandeses un plazo razonable
para encontrar una solución y liberarlos de cualquier presión,
manteniendo intactos los planes de ratificación del Tratado en
el resto de países. Pero si la cosa se complica y en octubre no
hay una ruta de salida convincente, todo el mundo mirará a Sarkozy.
No parece que el presidente galo tema ese papel de desatascador, teniendo
en cuenta que han sido precisamente las presidencias más complicadas
las que han permitido a sus ocupantes lucir el cargo. Pocos se acuerdan
de los recientes mandatos de Luxemburgo, Austria, Finlandia y Portugal,
pero pocos olvidan que fue Tony Blair quien cuadró a la británica
el presupuesto 2007-2013, y que sin la firmeza germánica de Angela
Merkel habría sido imposible alumbrar el Tratado y olvidar el fiasco
de la Constitución.
Al margen de la cuestión institucional, Sarkozy también
quiere reconducir las relaciones de la UE con sus vecinos, y en ese marco
ha convocado para dentro de dos semanas la cumbre de la Unión por
el Mediterráneo. Será el primer gran acto de su reinado,
y unirá en París a los líderes de la Unión
y de los países ribereños, a los que Francia pretende convencer
de que olviden sus sueños de adhesión a cambio de una asociación
privilegiada.
Protagonismo
La fórmula no convence a todos sus socios, y aunque la cita podría
concluir en fracaso, lo cierto es que garantizará al anfitrión
el protagonismo que desea para dar comienzo a su semestre de gloria entre
fuegos de artificio. Porque la cumbre se celebrará el 13 de julio,
víspera de la Fiesta Nacional gala, con los Campos Elíseos
repletos de banderas y el fervor patrio a flor de piel.
En los trece meses que lleva a la cabeza de la República, Sarkozy
ha mantenido a sus compatriotas pendientes día a día de
lo que pasaba en el Elíseo, tanto en los despachos oficiales como
tras los muros de las dependencias privadas del palacio.
En apenas un año, el presidente se ha divorciado, se ha casado,
ha tramitado en persona la liberación de las enfermeras búlgaras
en Libia y de la tripulación española detenida en el Chad;
ha anunciado una nueva generación de centrales nucleares, ha augurado
el fin del espíritu de mayo del 68 y de la semana de 35 horas,
y se ha enfrentado a sindicatos, estudiantes, periodistas, a los pequeños
delincuentes de las barriadas y hasta a un agricultor que se negó
a darle la mano frente a las cámaras en una feria. A partir de
ahora, su audiencia serán 500 millones de europeos.
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